Artista y emprendedor

Tengo dos personalidades peleándose todo el tiempo. La que escribe y hace arte y quiere vivir filosofando, y la que piensa en negocios, ser pragmático y alcanzar objetivos.

El emprendedor piensa en el mínimo producto viable, el artista en el mejor producto posible.

El emprendedor no quiere perder tiempo ni desperdiciar recursos. Busca lograr más con menos, rendimiento y optimización. El artista sabe que persigue el infinito, pero sigue. Sigue porque no importa tanto llegar, sino descubrir, aprender, seguir jugando. Uno es eficiente y funcional, el otro idealista y obsesivo.

¿Pero serán tan diferentes, o yo no los estoy integrando?

¿No es esa la esencia del minimalismo? Mantener la calidad reduciendo el desperdicio.

Es lo que hago cuando escribo y cuando diseño cualquier otra cosa, buscar la versión más pura, eliminar el ruido y la contaminación, reducir al mínimo hasta quedarme con lo esencial.

Quizá debería dejar de pensar mi arte como un producto mejor o peor, y simplemente hacerlo y dejar que sea lo que es. Pedirle menos y darle más.

También escuchar un poco más al emprendedor. Para hacer arte necesito materiales; papel, lapicera, buenos libros, una computadora, internet, tiempo, paz mental, dormir bien, estar en buen estado físico, no tener que preocuparme por sobrevivir. Para eso es el dinero, para seguir haciendo arte.

Acción inmediata para una visión inalcanzable.