Se empezó a caer después de construir los dos primeros pisos. Para corregir la inclinación terminaron construyendo una torre levemente curvada. Sobrevivió guerras y terremotos durante más de 600 años. Y en 2001, finalmente lograron estabilizarla después de diez años de trabajo.
Cerca de cinco millones de personas visitan la Torre de Pisa cada año.
¿Sería tan popular si todo hubiera salido acorde al plan?
Empecé a escribir este blog en 2022. En 2023 me comprometí a enviar al menos una publicación por semana a quienes se suscribieran a mi newsletter. Eso fue hace casi tres años. 148 viernes consecutivos.
Ese ejercicio semanal fue mi escuela para superar el perfeccionismo y entender de primera mano cómo funciona el proceso creativo.
Pero las cosas están cambiando. Sin duda que el viaje por Europa es un contexto que no puedo negar. Vine con la idea de seguir sosteniendo las publicaciones semanales, me imaginaba que el cambio de aire me iba a renovar el espíritu explorador que sentía que estaba perdiendo, pero me equivoqué, me encontré con otra realidad.
Ese explorador empezó a visitar otros lugares, literal y metafóricamente hablando. Esa energía que antes dedicaba a escribir, ahora está dividida entre seguir viviendo este viaje y experimentar con otros intereses y habilidades que me están sugiriendo nuevos proyectos.
Quizá todavía no soy profesional, puede ser. Lo importante ahora es decirme la verdad: últimamente el blog ha sido más una obligación que un placer.
A partir de ahora, no me comprometo a publicar todos los viernes. Voy a seguir escribiendo y compartiendo reflexiones y novedades, pero solo cuando tenga algo que decir.
Mentiría si dijera que es porque no puedo sostenerlo. Poder puedo, es cuestión de prioridades. En los papeles una publicación por semana es algo completamente razonable. Pero la verdad es que, en este momento de mi vida, no estoy dispuesto a seguir haciendo lo que hay que hacer para sostenerlo.
Me he peleado mucho conmigo mismo, lo suficiente como para mirarme al espejo y poder decirme la verdad. No quiero ser desagradecido.
Otra vez estoy viviendo lo que algún día fue un sueño distante. Si puedo dar vuelta mi vida para irme al otro lado del mundo a contestar preguntas que me hago desde hace años, entonces soy libre. Nunca dejé de serlo. La única jaula es la mente, una cerca que construí para que la identidad no se me escape.
La vida no empieza cuando alcance la iluminación. La iluminación es darme cuenta que la vida ya empezó.
Me gusta el canto de los pájaros cuando cae el atardecer, es distinto al de la mañana, es un día más sabio.
Llegué a Suiza. Tercer voluntariado de este viaje, en el increíble Camping Lazy Rancho en Interlaken.
Por fin puedo instalarme en un lugar y dejar de viajar por un rato. Este es un momento para disfrutar y seguir construyendo la nueva vida, pero sobre todo es momento para descansar y reconectarme conmigo mismo. Las últimas semanas fueron intensas, física y emocionalmente.
Cuando la realidad supera la ficción, cuando amanezco con vista al espectacular paisaje de los alpes suizos, y cuando hay tanto por descubrir, es fácil olvidarme de lo esencial, de lo que me hace ser quien soy y lo que necesito para sentirme bien:
Escribir en mi diario
Salir a caminar o andar en bicicleta
Escuchar música
Escribir entradas de blog
Leer un libro
Sentarme a disfrutar el silencio y la belleza de la naturaleza
Pasar tiempo solo
Crear cosas nuevas
No quiero operar con mentalidad de escasez, pero todo no se puede. Siempre tendré que elegir, no importa donde esté.
En esta etapa, en la que empiezo a bajar la velocidad, no tengo un trabajo estable, pero tampoco estoy de vacaciones, empiezo a preguntarme:
Esta semana tuve mi segunda experiencia de voluntariado a través de Worldpackers.
Morgan es un escultor de 82 años que sigue mejorando la casa que compró hace más de 50 años en Le Vigan, un hermoso pueblo en el sur de Francia. Ahí vive la mitad del año y ahí tiene su taller. Cuando llega la primavera en Francia se va a pasar el verano en Australia. Y así va por la vida, de verano en verano.
Llegamos un sábado. Nos esperó en un bar cerca de su casa y nos invitó una cerveza para conversar un poco y romper el hielo, o mejor dicho, el calor. El primer día fue libre para descansar e instalarnos.
Al otro día nos levantamos temprano, desayunamos croissant con café y empezamos a trabajar antes de que el sol nos cocine.
En mi primer día, la primera tarea que me dio, fue lijar una pared que estaba cubierta con portland blanco. Pero no me dio una lija de papel ni una máquina eléctrica, me dio una piedra, y una sola recomendación:
«Perfection is impossible, but improvement is possible.»
—Vas a querer que quede perfecto —me dijo—. Pero es imposible que quede perfecto. La perfección es imposible, pero mejorar es posible.
Viajar no es una solución, ni es todo color de rosas. Es una opción entre tantas otras.
También es una opción quedarse en un trabajo o en un país, renunciar o empezar de cero.
La solución no está en otro tiempo ni en otro lugar. La solución es aprender a ser adulto hoy, recordando que estoy donde estoy porque tomé decisiones que me trajeron hasta acá. Nadie me obliga y nadie me detiene.
Elijo seguir escribiendo. Elijo seguir explorando Europa con mi compañera de viajes y de vida.
Viajar no es para huir, es para acercarme a quien soy. No puedo escapar de los problemas porque los problemas van conmigo. Soy el que soy siempre, a donde sea que vaya, para bien o para mal.
Sostengo decisiones para disfrutar y para ser mejor persona. Cuando ya no disfrute, cuando mis rituales empiecen a ser una carga, entonces cambiaré el rumbo, tomaré otras decisiones.