Es martes, son las 11:22. Ya desayuné, lavé ropa y saqué a pasear a la perra. Pongo lofi y me hago otro café. Empiezo a escribir. Duele pero el movimiento me relaja. Paso el umbral. El tiempo desacelera. Dejo de oír la música, me cuesta ver lo que estoy escribiendo, se me anula el olfato, se me adormecen las manos. Entro en otra dimensión. No siento el peso de mi cuerpo. Me despego del sofá y empiezo a levitar, salgo por la ventana subiendo como un globo. Y cuando llego al cielo, en medio de una masa de agua blanca, alcanzo la verdad. Soy Dios. Soy todo lo que hay y lo que siempre hubo. Y desde la eternidad del vacío se hace mi voluntad. Creo al hombre. Y el hombre crea el universo, a su imagen y semejanza.