Escribir es ponerme el casco, agarrar el pico y subirme a un carrito que va por rieles para entrar en una cueva subterránea a extraer materia prima. Es sacrificado, incómodo y arriesgado. Pero sin ese trabajo no hay texto que corregir.
Pongo el cuerpo. Escribo a martillazos. Escribir no es corregir, escribir es expresarme.
Corregir es dejar la fuerza bruta, agarrar el cincel y empezar a dar forma.
Antes de esculpir tengo que ir a buscar el mármol.
