—Te concederé tres deseos —Dice el genio.
—¿Lo que sea, lo que yo quiera?
—Lo que quieras, pero tienes solo tres. No puedes volver atrás, así que elige sabiamente.
—Deseo no desear. Quiero descansar, quiero dejar de correr para conseguir cosas y alcanzar objetivos. Me siento una rata de laboratorio corriendo en una ruedita. ¿Por qué no puedo ser feliz así como estoy? ¿Por qué no puedo dejar de inventar excusas para estar ocupado? Es como si viviera haciendo cosas para poder algún día dejar de hacer cosas y entonces sí empezar a disfrutar la vida. A veces pienso que lo único que necesito es soltar todo. Porque no es alcanzar metas grandiosas lo que me hace feliz, es hacer lo que me gusta, vivir, recordar que estoy vivo.
—Puedo conceder tu deseo. Pero te advierto, si dejas de desear, nada te hará sentir vivo. Cuando no deseas nada no hay nada que sea importante. Y cuando nada te importe, dejarás de comer, dejarás de ser quien eres y morirás de apatía. ¿Es esto lo que quieres?
—¡Bueno no, pará! Dejame pensarlo un poco más. Entonces lo que realmente quiero es sentirme vivo. Puedo pedirte el poder de ser feliz siempre, disfrutar todo lo que haga, no padecer mis obligaciones. Pero tendría el mismo problema, si disfruto todo, nada me molesta ni me duele, dejaría de cuidar mi cuerpo físico y mi salud mental. Eventualmente, moriría de la gripe más inofensiva, por negligencia, por omisión de mi propio bienestar. ¿Qué tengo que pedir entonces? ¿Qué puede tener el poder de cambiarme la vida sin ser tan extremo?
—Estás empezando a entender. Pero te advierto, si te doy la respuesta tendrías un deseo menos. Después tendrías que pedir obtener eso que cambiaría tu vida y solo te quedaría un último deseo. ¿Es esto lo que quieres?
—No, no te voy a pedir eso. Debe haber un millón de cosas que me cambiarían la vida. Deseo renunciar a dos de mis deseos.
—Es cierto, no hay una sola cosa que pueda cambiar tu vida. Puedo eliminar dos de tus deseos, pero te advierto…
—¡Sí sí, ya sé! Pero no quiero tres deseos, dale mis otros dos deseos a alguien. Yo quiero solo uno.
—¡Concedido! Pero tus deseos no son transferibles. Elige sabiamente, solo puedes desear para ti.
—Deseo aceptar mi destino.