Estoy sentado en el patio con la computadora, sudando, soñando con irme a la playa en bici. El verano es pesado y lento pero se va volando, me gustaría que durara nueve meses más. Me gustaría que todo el año sea verano, o invierno, da igual, por lo menos no habría urgencia.
¿Será la urgencia lo que le da emoción a la vida?
No encuentro lo que busco. Está oscuro, no veo, no sé de dónde agarrarme. Escribo 900 palabras pero nada me gusta.
Me rindo.
Abro el libro de Annie Dillard y enseguida habla de una nota que le escribió Miguel Ángel a su aprendiz antes de morir:
«Dibujá, Antonio, dibujá, Antonio, dibujá y no pierdas tiempo.»