Esta semana tuve mi segunda experiencia de voluntariado a través de Worldpackers.
Morgan es un escultor de 82 años que sigue mejorando la casa que compró hace más de 50 años en Le Vigan, un hermoso pueblo en el sur de Francia. Ahí vive la mitad del año y ahí tiene su taller. Cuando llega la primavera en Francia se va a pasar el verano en Australia. Y así va por la vida, de verano en verano.
Llegamos un sábado. Nos esperó en un bar cerca de su casa y nos invitó una cerveza para conversar un poco y romper el hielo, o mejor dicho, el calor. El primer día fue libre para descansar e instalarnos.
Al otro día nos levantamos temprano, desayunamos croissant con café y empezamos a trabajar antes de que el sol nos cocine.
En mi primer día, la primera tarea que me dio, fue lijar una pared que estaba cubierta con portland blanco. Pero no me dio una lija de papel ni una máquina eléctrica, me dio una piedra, y una sola recomendación:
«Perfection is impossible, but improvement is possible.»
—Vas a querer que quede perfecto —me dijo—. Pero es imposible que quede perfecto. La perfección es imposible, pero mejorar es posible.
