Nada cambia si nada cambia

Empecé a escribir este blog en 2022. En 2023 me comprometí a enviar al menos una publicación por semana a quienes se suscribieran a mi newsletter. Eso fue hace casi tres años. 148 viernes consecutivos.

Ese ejercicio semanal fue mi escuela para superar el perfeccionismo y entender de primera mano cómo funciona el proceso creativo.

Pero las cosas están cambiando. Sin duda que el viaje por Europa es un contexto que no puedo negar. Vine con la idea de seguir sosteniendo las publicaciones semanales, me imaginaba que el cambio de aire me iba a renovar el espíritu explorador que sentía que estaba perdiendo, pero me equivoqué, me encontré con otra realidad.

Ese explorador empezó a visitar otros lugares, literal y metafóricamente hablando. Esa energía que antes dedicaba a escribir, ahora está dividida entre seguir viviendo este viaje y experimentar con otros intereses y habilidades que me están sugiriendo nuevos proyectos.

Quizá todavía no soy profesional, puede ser. Lo importante ahora es decirme la verdad: últimamente el blog ha sido más una obligación que un placer.

A partir de ahora, no me comprometo a publicar todos los viernes. Voy a seguir escribiendo y compartiendo reflexiones y novedades, pero solo cuando tenga algo que decir.

Mentiría si dijera que es porque no puedo sostenerlo. Poder puedo, es cuestión de prioridades. En los papeles una publicación por semana es algo completamente razonable. Pero la verdad es que, en este momento de mi vida, no estoy dispuesto a seguir haciendo lo que hay que hacer para sostenerlo.

Necesito una pausa. Quiero una vida más lenta.