Punto de no retorno

Los últimos meses han sido difíciles. Mucho que resolver, muchas fuerzas tirando en direcciones contrarias. El vértigo del cambio, la arena del reloj, los gemidos del miedo.

Me está costando mucho lograr la paz mental que necesito para escribir, la cabeza no me deja pensar en otra cosa que no sea prepararme para el viaje.

No me quejo, agradezco poder elegir mis problemas, pero tengo que reconocer la realidad: nunca voy a estar preparado para enfrentar grandes cambios. Puedo estar dispuesto, pero nunca preparado.

La mejor forma de soportar la presión es dejar de presionarme. Hacer o no hacer, esa es la cuestión.

Sostener o soltar, pero no sufrir. Si no quiero hacer algo no lo hago y sigo con mi vida, sigo con las cosas que sí quiero hacer. Siempre estoy eligiendo quien ser ante cada situación.

El viaje ya empezó, cuando decidí dejar de estar cómodo, a cambio de estar mejor.

Dicen que antes de cruzar el río Rubicón, Julio César dijo a su ejército:

«Alea iacta est.»

La suerte está echada. Ahora entiendo qué significa.