El miedo siempre ve el medio vaso vacío: lo que no sé, lo que no tengo, lo que no soy.
Yo lo único que tengo que hacer es dar un paso, y otro, y después otro. Y entonces todo empieza a fluir, para bien o para mal. No importa. No necesito que todo salga perfecto, solo necesito seguir aprendiendo y seguir construyendo sobre las pocas certezas que tenga.
No sé a dónde voy, sé lo que quiero hacer hoy. En este momento no se me ocurre una mejor forma de vivir que usar mi tiempo para hacer lo que me gusta. Ya me preocupé bastante durante años, ya perdí mucho tiempo pensando y calculando escenarios hipotéticos que nunca sucedieron, porque no me permití vivirlos.
Tengo ideas y proyectos en donde soy libre de expresarme, es un camino y por ahora es suficiente. Este es mi propósito, no tiene por qué ser grandioso.
Mis acciones, mi curiosidad y mi pasión por el arte y la vida me van a llevar a algún lugar nuevo. En ese lugar voy a ver cosas que antes no veía, y entonces mi perspectiva va a cambiar y seguramente voy a querer otra cosa, y voy a tomar otro rumbo, y todo volverá a empezar.
Este juego es así y por eso es divertido.
El miedo es toda la validación que necesito.
