Presente distante

Me he peleado mucho conmigo mismo, lo suficiente como para mirarme al espejo y poder decirme la verdad. No quiero ser desagradecido.

Otra vez estoy viviendo lo que algún día fue un sueño distante. Si puedo dar vuelta mi vida para irme al otro lado del mundo a contestar preguntas que me hago desde hace años, entonces soy libre. Nunca dejé de serlo. La única jaula es la mente, una cerca que construí para que la identidad no se me escape.

La vida no empieza cuando alcance la iluminación. La iluminación es darme cuenta que la vida ya empezó.

Me gusta el canto de los pájaros cuando cae el atardecer, es distinto al de la mañana, es un día más sabio.

Definición de arte 6

El arte es un hábito.

Entre lagos

Llegué a Suiza. Tercer voluntariado de este viaje, en el increíble Camping Lazy Rancho en Interlaken.

Por fin puedo instalarme en un lugar y dejar de viajar por un rato. Este es un momento para disfrutar y seguir construyendo la nueva vida, pero sobre todo es momento para descansar y reconectarme conmigo mismo. Las últimas semanas fueron intensas, física y emocionalmente.

Cuando la realidad supera la ficción, cuando amanezco con vista al espectacular paisaje de los alpes suizos, y cuando hay tanto por descubrir, es fácil olvidarme de lo esencial, de lo que me hace ser quien soy y lo que necesito para sentirme bien:

  • Escribir en mi diario
  • Salir a caminar o andar en bicicleta
  • Escuchar música
  • Escribir entradas de blog
  • Leer un libro
  • Sentarme a disfrutar el silencio y la belleza de la naturaleza
  • Pasar tiempo solo
  • Crear cosas nuevas

No quiero operar con mentalidad de escasez, pero todo no se puede. Siempre tendré que elegir, no importa donde esté.

En esta etapa, en la que empiezo a bajar la velocidad, no tengo un trabajo estable, pero tampoco estoy de vacaciones, empiezo a preguntarme:

¿Y ahora qué? ¿Quién soy? ¿Qué hago?

Nuestro rinconcito en el camping.
L'Atelier

Esta semana tuve mi segunda experiencia de voluntariado a través de Worldpackers.

Morgan es un escultor de 82 años que sigue mejorando la casa que compró hace más de 50 años en Le Vigan, un hermoso pueblo en el sur de Francia. Ahí vive la mitad del año y ahí tiene su taller. Cuando llega la primavera en Francia se va a pasar el verano en Australia. Y así va por la vida, de verano en verano.

Llegamos un sábado. Nos esperó en un bar cerca de su casa y nos invitó una cerveza para conversar un poco y romper el hielo, o mejor dicho, el calor. El primer día fue libre para descansar e instalarnos.

Al otro día nos levantamos temprano, desayunamos croissant con café y empezamos a trabajar antes de que el sol nos cocine.

En mi primer día, la primera tarea que me dio, fue lijar una pared que estaba cubierta con portland blanco. Pero no me dio una lija de papel ni una máquina eléctrica, me dio una piedra, y una sola recomendación:

«Perfection is impossible, but improvement is possible.»

—Vas a querer que quede perfecto —me dijo—. Pero es imposible que quede perfecto. La perfección es imposible, pero mejorar es posible.

El camino propio

Viajar no es una solución, ni es todo color de rosas. Es una opción entre tantas otras.

También es una opción quedarse en un trabajo o en un país, renunciar o empezar de cero.

La solución no está en otro tiempo ni en otro lugar. La solución es aprender a ser adulto hoy, recordando que estoy donde estoy porque tomé decisiones que me trajeron hasta acá. Nadie me obliga y nadie me detiene.

Elijo seguir escribiendo. Elijo seguir explorando Europa con mi compañera de viajes y de vida.

Viajar no es para huir, es para acercarme a quien soy. No puedo escapar de los problemas porque los problemas van conmigo. Soy el que soy siempre, a donde sea que vaya, para bien o para mal.

Sostengo decisiones para disfrutar y para ser mejor persona. Cuando ya no disfrute, cuando mis rituales empiecen a ser una carga, entonces cambiaré el rumbo, tomaré otras decisiones.

Eso es ser libre, hacerme cargo de mi felicidad.

Maison carrée
Rendición

Al diablo, no hay cambio sin romper esquemas.

Punto de no retorno

Los últimos meses han sido difíciles. Mucho que resolver, muchas fuerzas tirando en direcciones contrarias. El vértigo del cambio, la arena del reloj, los gemidos del miedo.

Me está costando mucho lograr la paz mental que necesito para escribir, la cabeza no me deja pensar en otra cosa que no sea prepararme para el viaje.

No me quejo, agradezco poder elegir mis problemas, pero tengo que reconocer la realidad: nunca voy a estar preparado para enfrentar grandes cambios. Puedo estar dispuesto, pero nunca preparado.

La mejor forma de soportar la presión es dejar de presionarme. Hacer o no hacer, esa es la cuestión.

Sostener o soltar, pero no sufrir. Si no quiero hacer algo no lo hago y sigo con mi vida, sigo con las cosas que sí quiero hacer. Siempre estoy eligiendo quien ser ante cada situación.

El viaje ya empezó, cuando decidí dejar de estar cómodo, a cambio de estar mejor.

Dicen que antes de cruzar el río Rubicón, Julio César dijo a su ejército:

«Alea iacta est.»

La suerte está echada. Ahora entiendo qué significa.

Limbo

Último empujón antes de entrar en el limbo. Un limbo que cada vez más parece ser lo único que hay, pero que se va a seguir estirando mientras sienta que todavía no llegué.

El presente no tiene por qué ser una sala de espera. Esa sensación de incompletitud y esa incomodidad que hay entre el pasado conocido y la incertidumbre del futuro nunca se resuelven, se canalizan.

Nunca voy a llegar, nunca voy a ser una obra terminada, porque tengo más curiosidad que miedo. Porque ir a lo seguro no es avanzar, es caminar en círculos.

El objetivo

El viaje a Europa tiene tres objetivos:

  1. Dejar mi oficio como técnico de audio en teatro. Cambiar de profesión, dedicarme a otra cosa. Recuperar el concepto de fin de semana. Aportar más valor. Dejar de sentir que estoy desperdiciando mi potencial, activar nuevas habilidades. Mudarme a internet. Este es el comienzo de una etapa nómada, que no sé cuánto va a durar, pero que va a dar paso a un estilo de vida más flexible y libre. Más liviano y abierto a explorar lo que la vida me depare.
  2. Visitar Lesbos, la isla de donde vino mi bisabuelo griego. Seguir descubriendo y conectando con mis raíces. Otro viaje largo y profundo hacia una de las culturas más interesantes y antiguas de la humanidad.
  3. Disfrutar. Vivir todo lo que no me he permitido vivir, por miedo o por ignorancia. Salir de la caverna. Salir al mundo, ver con qué me encuentro. Ver de qué estoy hecho. Seguir buscándome sabiendo que nunca me voy a encontrar. Porque cuando apenas empiezo a entender quién soy ya cambié, ya no soy ese, ya me fui.
El fin de una era

Renuncié a mi trabajo para irme a viajar por Europa.

Mi vida está cambiando más rápido de lo que me gustaría. Es una experiencia surreal y a la vez muy tangible. Ya no es solo una idea hermosa, está sucediendo, es real. Vendo todo y veo cómo se va vaciando la casa mientras desarmo una vida para empezar a construir otra.

Escribir es mi forma de procesar la vida. Quería contarte cómo llegué hasta acá y qué fue lo que me llevó a tomar una decisión tan radical. Hace semanas que intento bajar a palabras lo que significa este momento de mi vida pero no puedo. Es mucha información emocional, es la historia de mi vida adulta.

Por ahora me conformo con preparar el contexto. Voy a dividir esta historia en varias publicaciones que se irán entrelazando con el presente y las aventuras del viaje.

Esta es la última página de un capítulo que duró quince años. El 8 de junio, cuando despegue el avión, dejo atrás una identidad, un estilo de vida y un personaje que ya no tengo que sostener.

Por fin soy libre de ser quien soy, y eso me llena de vida.